El empleo dignifica a la persona y dinamiza el desarrollo comunitario

Los trabajadores y sus organizaciones conocen perfectamente que su dignidad pasa por el trabajo.  El sostenimiento del empleo y el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios dinamiza el desarrollo armónico de las comunidades.

 

La tan mentada mejor competitividad está dada esencialmente por el desarrollo tecnológico y no por la precarización laboral y el mayor desempleo que planifican en sus despachos los ex empleados de la banca financiera internacional, hoy devenidos en funcionarios del actual gobierno.

En resumen, el sostenimiento y la generación de empleo son prioritarios a cualquier otro reclamo, por legítimo que éste sea. Vale la pena recordar, además,    que el principal aporte laboral deviene de un constante desarrollo de la industria nacional y en particular de la pequeña y mediana empresa, lo que requiere un fuerte apoyo estatal, hasta hoy ausente hasta en los discursos.

Corresponde señalar que el  bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria  presentó, con la firma de Héctor Recalde y otros legisladores, entre ellos la mía,   un proyecto de ley por el cual se declara la Emergencia Laboral por el plazo de un año, con opción a prórroga,  que  tiende a proteger el empleo existente.   No rige para futuras contrataciones, de modo tal que no representa ningún impedimento, ni limitación para los nuevos puestos de trabajo que puedan generarse.

Los miles y miles de despidos en 100 días de gobierno, tanto en el ámbito público como en el privado, la eliminación o reducción de retenciones a las producciones  agropecuarias y mineras, la devaluación y con ello  las cuantiosas ganancias del sector financiero, la apertura indiscriminada de importaciones,  una inflación descontrolada, los tarifazos en los servicios esenciales, las nulas referencias al desarrollo industrial, los reiterados intentos de poner techo a las negociaciones paritarias, no son simples señales coyunturales sino evidencias objetivas de un proyecto político, al cual le importan muy poco los trabajadores, los humildes y el desarrollo con equidad de una nación.

Se debe tener muy en cuenta que los despidos y la precarización salarial no solo afectará a los involucrados directamente, sino también al comercio,  al turismo, a los sectores de servicios  y a todos aquellos  otros  que, hasta el 10 de diciembre de 2015, formaban parte de un círculo virtuoso, con mejor calidad de vida para la mayoría de la población y en el marco de un país que creció en 2015, en una difícil coyuntura mundial, más del 2 por ciento del PBI.

La información del crecimiento en 2015,   anunciada por el actual gobierno,  desmiente  el  repetido recurso político y publicitario, utilizado por el presidente y sus funcionarios, de mencionar: “La pesada herencia recibida”.

Las elecciones determinaron un triunfador que, como prometió en la campaña electoral,  debe gobernar para todos, privilegiando el bienestar general y no transformando la Patria en tierra arrasada.  Es decir, debe demostrar que lo que dice una cadena internacional de noticias: “Argentina a los pies de Wall Street” y otros conceptos tan denigrantes como ese, no se corresponden con la realidad.

Por nuestra parte, los compañeros del movimiento nacional y popular, debemos ser leales al histórico legado de Perón, Evita y Kirchner y al 49 por ciento de los ciudadanos que nos apoyaron con su voto. No nos sumemos por conveniencias personales o necesidades coyunturales al equipo de “devaluadores y endeudadores”,  con la excusa  de que se necesitan fondos para obras públicas.

En síntesis compañeros,  seamos dignos continuadores de la principal  doctrina política latinoamericana.

Atentamente             

 

Francisco Abel Furlán

Diputado Nacional FPV